sábado, 31 de mayo de 2008

CABALGANDO HACIA TI



Rebeca estaba decidida.
Llevaba varios días pensando en hacerlo, y nunca encontraba el momento, pero hoy iba a ser el día.
Dejó a sus amigas en la sala de música debatiendo sobre la ropa que iban a llevar en el baile que debían presentar en música.

Salió del internado con una sonrisa en los labios, el sol estaba dándose una tregua entre las nubes, y los débiles rayos se enredaban entre las esponjosas nubes.
Sus ligeros pasos hacían que la falda del uniforme perfectamente ajustada a las caderas se ladeara con cada movimiento.

Llegó al cobertizo, y sin esfuerzo abrió la puerta, notó la cálida temperatura del ambiente, todo parecía en orden, despues de echar una mirada breve a los animales y comprobar que los caballos reposaban apaciblemente,se dirigió hacia la oficina.

-Hola -dijo Rebeca serenamente-

El hombre tenía una mirada amable bajo unas gafas de montura al aire con cristales diminutos.

- ¿Qué deseas señorita?-
- Quiero pasear por el bosque con un caballo.
- ¿Habia usted montado antes?
- Si, por supuesto, hace tiempo que no monto pero ya lo he hecho muchas veces -mintió Rebeca-


Se dió la vuelta y buscó en un clasificador de donde sacó una fotocopia.

- Debes firmar aquí.

Rebeca se inclinó sobre la mesa para firmar en el recuadro indicado.
El cuidador la indico que le siguiera, despues de pasar por muchos caballos.
Acompañó al encargado, pasaron por delante de muchos caballos, hasta que el cuidador se paró delante de una preciosa yegua de pelo suave y castaño.
Ella cogió las riendas de Morgana decididamente, intentando que no se le notara que le temblaba la mano.
Salió del cobertizo, nerviosa pero feliz, y se aseguró de que el cuidador había vuelto a su labor.

Vale, ya está, ahora solo tengo que subirme...

Miró a la yegua indecisa.

Ahora que estoy aquí no me puedo echar atrás.

Le temblaban las piernas, pero tenia que hacerlo, siempre había deseado montar a caballo, o en su defecto en una yegua, y ahora que estaba tan cerca de conseguirlo, nada iba hacer que se arrepintiera.
Se aseguró de que la yegua estaba bien ensillada, había visto mil veces en la tele a jinetes subirse a un caballo, solo iintento imitarles.
Con la mano izquierda se apoyó en la cruz del caballo, con dificultad puso su pie izquierdo en el estribo y lo giró con la mano derecha hacia ella,la colocó en la montura, y al tercer impulso que dió, logró subirse al animal, al mismo tiempo que la falda de pliegues revoloteaba.

Solo a mi se me ocurre ponerme el uniforme para montar a caballo...

Desde arriba se veía de otra manera, con orgullo de si misma por haber subido sin caerse ni hacerse daño, tomó las riendas de Morgana y le indicó a la yegua que comenzara a andar.



La brisa le acariciaba la cara, cerró los ojos respirando profundamente, llenando sus pulmones de vida, Morgana trotaba con calma, y Rebeca admiraba la flora otoñal de los alrededores, el paisaje nublado comenzó a pasar por su vista mas deprisa, notó como Morgana se alteraba.
¿Qué había sido? ¿Un ruido? ¿Un animal?
Rebeca no tenía ni idea, pero se aferró a las riendas de la yegua haciendo todo lo posible para que el animal parara, pero lejos de controlarla, se enfureció mas, Morgana relinchó.
A Rebeca solo le quedaba gritar mientras aprisionaba a la yegua para no caerse por los bruscos movimientos.
La velocidad era cada vez más fuerte, llegó el momento en el que prefirió cerrar los ojos para no mirar como los árboles pasaban a una ligereza impresionante.

A unos metros de ella, un majestuoso caballo de pelo azabache, lacio y brillante paseaba distinguidamente, con una elegancia inpropia en un caballo.
Su jinete lo dirigía con una mano mientras que con la otra le acariciaba con delicadeza la cabeza, era su caballo, lo adoraba, y disfrutaba demasiado paseando en el bosque con el.
Y con una sonrisa de nostalgia en los labios recordó como hace muchos años suplicó al director del colegio y a sus padres con lágrimas en los ojos que por favor le dejaran tener a Monster en el Trópico Azul.
Despues de una larga charla aceptaron, Aaron no podia ser mas feliz, con su caballo cerca se sentía acompañado.

La sonrisa se le borró de los labios cuando escuchó unos gritos muy cerca, sin pensarlo ni un solo instante, galopó con rapidez, era todo un profesional en la equitación asique se dirigió a horcajadas en direccion a los gritos de angustia de Rebeca.

Aaron paró en seco al caballo, miró hasta tres veces a la chica asustada, la reconoció con facilidad y pesé a la situación, una ligera sonrisa le marcaron los labios, sabía que la chica no corría peligro, se acercó despacio, lo último que necesitaba la yegua era un movimiento brusco que la asustara mas, y él lo sabía muy bien.
Acarició el lomo de Morgana, mientras susurraba palabras dulces, que por arte de magia, o por la magia que el transmitía la yegua paró en seco.

Rebeca levantó la cabeza, tenía los ojos acristalados, pero la voz que estaba calmando a la yegua le había calmado a ella también
Aaron se le acercó tanto que las piernas de Rebeca se rozaban con las suyas.

-¿Estás bien? -dijo por fin Aaron-
- Nooo, no estoy bien - le contestó rebeca asustada-
- Cálmate…
- ¿Qué me calme? No puedo calmarme… maldito caballo
- Le decía a la yegua –le dijo sonriendo-
- Esto…Ya, ya lo sabía – contestó avergonzada-
- Tranquilízate, y ahora me refiero a ti, se tiene que haber asustado por algo pero ya pasó todo.

Aaron bajó del caballo ágilmente, le tendió su mano y se enlazaron, a ella todavía le temblaba el pulso, y ahora mas aún, se apoyó en su hombro mientras le sujetaba la mano, pasó la pierna por encima de Morgana y con un leve salto con ayuda de Aaron sus pies tocaron por fin el suelo, cuerpo con cuerpo con sus manos diestras entrelazadas todavía y la zurda de Aaron rodeándole los hombros.
Aaron miró a Rebeca, sus ojos azules observaron los de ella, castaños,nerviosos y cristalinos, parpadeó y una fina lágrima se deslizó por su rostro.
Le pasó las manos por la barbilla para frenar la lágrima.

-Ha pasado todo ya ¿vale?

Su voz sonaba reconfortable, y aunque le daba coraje que fuera la persona que hace unos días le había gastado una broma, sus pensamientos prohibidos le surcaron la mente, mientras Aaron todavía la miraba.

-Se…se te dan bien los caballos ¿no? – dijo por fin Rebeca separándose un poco-
-Eh…si –se limitó a decir-
-Habrás podido comprobar que a mi no –dijo secamente-
- Si, lo he comprobado, y también tengo que decirte, que es la primera vez que veo un jinete con faldas y botas.
- No soy una chica corriente. Ademas los jinetes llevan botas.
- No de tacón, debe ser realmente incómodo. Y desde luego que no eres corriente.

Rebeca se sonrojó

-Ehmm…esto…gracias –confesó-
-Fue un placer ser tu salvador, ¿Te acompaño?
- Por favor –le sonrió-

Agarraron las riendas de sus caballos y caminaron juntos de vuelta al cobertizo.

jueves, 8 de mayo de 2008

ENCUENTRO PASADO POR AGUA



Eran las 12 de la noche, todo estaba oscuro en el polideportivo, y el leve brillo de la menguante luna se filtraba por los cristales haciendo que cada movimiento de sus brazos salpicara con gotas cristalinas y se transformara en el centelleo de un hechizo a medianoche.

Nunca le habían sorprendido en la piscina asi que, lo estaba tomando como costumbre antes de dormir, claro que bien dicho está, que lo que no te pasa en un año te pasa en una hora, porque mas tarde descubriria que no era el único al que esa noche le apetecía darse un baño.

Paola no podía dormir, y con el pijama todavía puesto se presentó en la piscina, entró pensativa en el silencio, hasta que este se rompió, fue entonces cuando se dió cuenta de que alguien estaba en el agua.
Se escondió detrás de una columna forzando la vista en la oscuridad unos segundos bastante largos hasta que por el ceniciento brillo de la media luna descubrió quien era.

Sintió una especie de fuerza que la obligó a dar unos pasos adelante saliendo de su escondite.

Oliver notó que alguien le observaba, se paró en seco en medio de la piscina manteniéndose en el agua y distinguió una silueta en la oscuridad pero no la reconoció.

Paola, que no entendía que hacía a esas horas allí, a tientas buscó el interruptor de los focos, y deslizó sus dedos sobre el botón.



- ¿Intentando ser más rapido para ganarnos? -le dijo Paola que no sabía como se había atrevido a encender la luz o abrir la boca.

Oliver no pudo ocultar su cara de sorpresa.

- Puedo hacerlo cuando quiera -le contestó sin dudar un segundo mientras se acercaba al extremo mas cercano en donde estaba ella-
-¿En serio? ¿Te importa si lo comprobamos ahora? -Paola se había lazando, iba a por todas-
-¿Ahora? ¿Me lo estás diciendo de verdad?

Oliver se apoyó en el borde de la piscina mirando a Paola.

Ella le dedicó una sonrisa y con rapidez y firmeza se quitó el pijama,quedándose con un bikini azul celeste,la camiseta y el panatalon con la que había llegado la lanzó con un gesto rápido a una esquina, se recogió el pelo en una coleta alta y le hizo una señal para que saliera del agua.

Oliver se apoyó y con un leve salto salió del agua, salpicando el suelo, se aparto los mechones mojados de la cara haciendo que mas gotas de las que eran necesarias recorrieran su cuello y se deslizara por su espalda hasta acabar empapándose en la cinturilla del bañador que era de un azul mas claro que el resto del pantalon surfero, con unos motivos blancos.

Paola examinaba cada movimiento, y notó como un hormigueo le revoloteaba por todo el cuerpo, se mordió el labio inferior e intentó concentrarse.

- ¿Preparada? -le dijo Oliver clavando sus ojos azules en el agua-
- Siempre lo estoy -le contestó Paola con decision-
- Está bien, contamos hasta tres y saltamos ¿si?

Paola asintió con la cabeza y le tendió la mano en señal de conformidad.
El la imitó.
Sus manos se unieron en un calido y suave apretón, los dos sintieron el calor que ambas despedían, los dos notaron sensaciones sorprendentes, los dos se acercaron... pero el contacto se rompió en un movimiento que no se sabia exactamente de quien había sido.

Al unísino comenzaron a contar :

-1
-2
-3

Saltaron al mismo tiempo, y como si de una coreografía se tratara las brazadas eran simultáneas, un metro despues, la cabeza de él se adelantó a Paola.
Ella estaba pensando en la situación, en el momento, en Oliver, pero cuando se dió cuenta de que le había adelantado ella se avivó, abandonando por un momento su razonamiento, intentó adelantarle, pero era muy rápido, aumentó la velocidad, le alcanzó.

Sus miradas se cruzaron por un instante.

Oliver calmó la velocidad sin darse cuenta, ahora era él, el que estaba lejos de la carrera, todo parecía imaginario y una media sonrisa se manifestó en sus labios.

El final de la carrera cada vez estaba mas cerca, se adelantaban por momentos, los dos eran realmente buenos, y tenían afinidad con el agua.
Cada movimiento era observado por su contrario, llegó el momento en que sus miradas estaban mas pendientes por el compañero que en si mismos, y lo que era una competición de dos rivales se estaba convirtiendo en una ligera carrera que nadie sabía como iba a terminar.

Los ultimos metros fueron adelantandose cada segundo, los dos sabían que no habían hecho lo posible para llegar primero, estaban distraídos, pero en los ultimos largos que le quedaban intentaron hacer lo posible.

Sus miradas se volvieron a cruzar en el borde de la piscina, la carrera había terminado y los dos estaban en silencio, jadeaban, una vez mas fue Paola la que rompió el hielo cuando recobró un poco el aliento.

- Bueno....una vez mas se comprueba lo evidente.
- ¿Lo evidente? ¿Y qué es para ti lo evidente?
- Pues eso, que he vuelto a llegar antes que tu.
- ¡Já! eso es lo que te hubiese gustado -Oliver la miró directamente a los ojos-
- No, te equivocas, te hubiese gustado a ti
- ¿A mi? ¿Y a ti no?
- Yo ya te gané una vez, y no hizo falta que tu me dejaras ganar, que lo sepas, te gané porque fuimos mas rápidas que vosotros, pero claro eso no lo vais aceptar en la vida -dijo Paola malhumorada-
- Entonces hoy no lo has vuelto a hacer ¿no?
- Hacer el que.... ? -Paola estaba confunida-
- Ganarme -Oliver enarcó una ceja, mientras seguía mirandola a los ojos-

Paola tardó en contestarle, sabía exactamente lo que le iba a decir, casi siempre lo sabía, pero ese gesto la cautivó de tal manera que le bloqueó las cuerdas vocales, intentó tragar saliva, y se sentó al borde de la piscina mientras intentaba mandar órdenes a su cerebero para que su voz reaccionara

- A ver esta mas que claro ¿no? -dijo de pronto-

Oliver desvío la mirada hacia donde segundos antes estaba Paola, se quedó pensativo, apoyó su brazo en el borde de la piscina y la cabeza en su mano, muy cerca de donde estaba sentada Paola, su pelo semi-largo se le enredaba en los dedos y las gotas de agua seguían resbalando por su piel.

- Pues no, si tu lo ves claro bien, pero la unica cosa que tengo yo clara es que nada de esto esta claro, por muy claro que tu lo veas.

La cara de confusión de Paola debió parecerle un chiste a Oliver porque comenzó a reirse mientras fijaba su mirada azul en ella.

- ¿Y de que te ries ahora?
- Pues creo que es por lo mismo, por lo que tu has puesto esa cara, acabo de soltar un disparate de los grandes -Oliver se encogió de hombros-

Una sonrisa tenue se dibujo en los labios de Paola

- Vale hemos sido tontos de remate -dijo por fin Paola-
- Lo hemos sido - afirmó Oliver sonriendo-
- Bueno pues mejor que a la próxima estemos en el mismo grupo en vez de enfrentarnos ¿no?
- Si, los dos hemos nadado bien aunque....

Paola lo miró severamente

- Aunque que...
- Nada nada..en serio es una tontería
- ¿Qué ibas a decir? ¿que tu lo has echo mejor que yo?

Oliver lo miró sorprendido.

No, no era eso precisamente lo que iba a decir, maldita sea, ¿Por qué piensa mal?

Soltó un leve gruñido y le contestó.

- Que los dos podríamos haberlo hecho mejor...¿verdad?

Paola asintió con una sonrisa.

- Esta bien, juro que jamás volveré a competir contigo por que somos los dos demasiado buenos para ello -bromeó Paola tendiéndole la mano-
- Me parece justo.

Oliver le agarró la mano nuevamente sellando así el divertido juramento, esta vez su mano estaba mojada por el agua, se miraron, sonrieron y el dió un leve impulso tirando a Paola de nuevo a la pisicina.

Bromearon, rieron, nadaron y se divirtieron en el agua hasta bien tarde, comprobando que se podían llevar mejor de lo que ellos mismos habían pensado.

Tanta fue su distraccion en el agua, que ninguno advirtió la mirada que les observaba desde la columna.
Marcus, advertido de que Oliver llevaba varias noches sin aparecer temprano por la habitación, fue hasta la piscina.
No tuvo que pensar mucho para adivinar que estaba allí, ya que sabía su gran aficcion por nadar y hacía frío para estar en el río.
En silencio se marchó sin hacer ruido para no ser descubierto de vuelta al internado.