
Rebeca estaba decidida.
Llevaba varios días pensando en hacerlo, y nunca encontraba el momento, pero hoy iba a ser el día.
Dejó a sus amigas en la sala de música debatiendo sobre la ropa que iban a llevar en el baile que debían presentar en música.
Salió del internado con una sonrisa en los labios, el sol estaba dándose una tregua entre las nubes, y los débiles rayos se enredaban entre las esponjosas nubes.
Sus ligeros pasos hacían que la falda del uniforme perfectamente ajustada a las caderas se ladeara con cada movimiento.
Llegó al cobertizo, y sin esfuerzo abrió la puerta, notó la cálida temperatura del ambiente, todo parecía en orden, despues de echar una mirada breve a los animales y comprobar que los caballos reposaban apaciblemente,se dirigió hacia la oficina.
-Hola -dijo Rebeca serenamente-
El hombre tenía una mirada amable bajo unas gafas de montura al aire con cristales diminutos.
- ¿Qué deseas señorita?-
- Quiero pasear por el bosque con un caballo.
- ¿Habia usted montado antes?
- Si, por supuesto, hace tiempo que no monto pero ya lo he hecho muchas veces -mintió Rebeca-
Se dió la vuelta y buscó en un clasificador de donde sacó una fotocopia.
- Debes firmar aquí.
Rebeca se inclinó sobre la mesa para firmar en el recuadro indicado.
El cuidador la indico que le siguiera, despues de pasar por muchos caballos.
Acompañó al encargado, pasaron por delante de muchos caballos, hasta que el cuidador se paró delante de una preciosa yegua de pelo suave y castaño.
Ella cogió las riendas de Morgana decididamente, intentando que no se le notara que le temblaba la mano.
Salió del cobertizo, nerviosa pero feliz, y se aseguró de que el cuidador había vuelto a su labor.
Vale, ya está, ahora solo tengo que subirme...
Miró a la yegua indecisa.
Ahora que estoy aquí no me puedo echar atrás.
Le temblaban las piernas, pero tenia que hacerlo, siempre había deseado montar a caballo, o en su defecto en una yegua, y ahora que estaba tan cerca de conseguirlo, nada iba hacer que se arrepintiera.
Se aseguró de que la yegua estaba bien ensillada, había visto mil veces en la tele a jinetes subirse a un caballo, solo iintento imitarles.
Con la mano izquierda se apoyó en la cruz del caballo, con dificultad puso su pie izquierdo en el estribo y lo giró con la mano derecha hacia ella,la colocó en la montura, y al tercer impulso que dió, logró subirse al animal, al mismo tiempo que la falda de pliegues revoloteaba.
Solo a mi se me ocurre ponerme el uniforme para montar a caballo...
Desde arriba se veía de otra manera, con orgullo de si misma por haber subido sin caerse ni hacerse daño, tomó las riendas de Morgana y le indicó a la yegua que comenzara a andar.
La brisa le acariciaba la cara, cerró los ojos respirando profundamente, llenando sus pulmones de vida, Morgana trotaba con calma, y Rebeca admiraba la flora otoñal de los alrededores, el paisaje nublado comenzó a pasar por su vista mas deprisa, notó como Morgana se alteraba.
¿Qué había sido? ¿Un ruido? ¿Un animal?
Rebeca no tenía ni idea, pero se aferró a las riendas de la yegua haciendo todo lo posible para que el animal parara, pero lejos de controlarla, se enfureció mas, Morgana relinchó.
A Rebeca solo le quedaba gritar mientras aprisionaba a la yegua para no caerse por los bruscos movimientos.
La velocidad era cada vez más fuerte, llegó el momento en el que prefirió cerrar los ojos para no mirar como los árboles pasaban a una ligereza impresionante.
A unos metros de ella, un majestuoso caballo de pelo azabache, lacio y brillante paseaba distinguidamente, con una elegancia inpropia en un caballo.
Su jinete lo dirigía con una mano mientras que con la otra le acariciaba con delicadeza la cabeza, era su caballo, lo adoraba, y disfrutaba demasiado paseando en el bosque con el.
Y con una sonrisa de nostalgia en los labios recordó como hace muchos años suplicó al director del colegio y a sus padres con lágrimas en los ojos que por favor le dejaran tener a Monster en el Trópico Azul.
Despues de una larga charla aceptaron, Aaron no podia ser mas feliz, con su caballo cerca se sentía acompañado.
La sonrisa se le borró de los labios cuando escuchó unos gritos muy cerca, sin pensarlo ni un solo instante, galopó con rapidez, era todo un profesional en la equitación asique se dirigió a horcajadas en direccion a los gritos de angustia de Rebeca.
Aaron paró en seco al caballo, miró hasta tres veces a la chica asustada, la reconoció con facilidad y pesé a la situación, una ligera sonrisa le marcaron los labios, sabía que la chica no corría peligro, se acercó despacio, lo último que necesitaba la yegua era un movimiento brusco que la asustara mas, y él lo sabía muy bien.
Acarició el lomo de Morgana, mientras susurraba palabras dulces, que por arte de magia, o por la magia que el transmitía la yegua paró en seco.
Rebeca levantó la cabeza, tenía los ojos acristalados, pero la voz que estaba calmando a la yegua le había calmado a ella también
Aaron se le acercó tanto que las piernas de Rebeca se rozaban con las suyas.
-¿Estás bien? -dijo por fin Aaron-
- Nooo, no estoy bien - le contestó rebeca asustada-
- Cálmate…
- ¿Qué me calme? No puedo calmarme… maldito caballo
- Le decía a la yegua –le dijo sonriendo-
- Esto…Ya, ya lo sabía – contestó avergonzada-
- Tranquilízate, y ahora me refiero a ti, se tiene que haber asustado por algo pero ya pasó todo.
Aaron bajó del caballo ágilmente, le tendió su mano y se enlazaron, a ella todavía le temblaba el pulso, y ahora mas aún, se apoyó en su hombro mientras le sujetaba la mano, pasó la pierna por encima de Morgana y con un leve salto con ayuda de Aaron sus pies tocaron por fin el suelo, cuerpo con cuerpo con sus manos diestras entrelazadas todavía y la zurda de Aaron rodeándole los hombros.
Aaron miró a Rebeca, sus ojos azules observaron los de ella, castaños,nerviosos y cristalinos, parpadeó y una fina lágrima se deslizó por su rostro.
Le pasó las manos por la barbilla para frenar la lágrima.
-Ha pasado todo ya ¿vale?
Su voz sonaba reconfortable, y aunque le daba coraje que fuera la persona que hace unos días le había gastado una broma, sus pensamientos prohibidos le surcaron la mente, mientras Aaron todavía la miraba.
-Se…se te dan bien los caballos ¿no? – dijo por fin Rebeca separándose un poco-
-Eh…si –se limitó a decir-
-Habrás podido comprobar que a mi no –dijo secamente-
- Si, lo he comprobado, y también tengo que decirte, que es la primera vez que veo un jinete con faldas y botas.
- No soy una chica corriente. Ademas los jinetes llevan botas.
- No de tacón, debe ser realmente incómodo. Y desde luego que no eres corriente.
Rebeca se sonrojó
-Ehmm…esto…gracias –confesó-
-Fue un placer ser tu salvador, ¿Te acompaño?
- Por favor –le sonrió-
Agarraron las riendas de sus caballos y caminaron juntos de vuelta al cobertizo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario